❝ 𝐁𝐔𝐑𝐘 𝐌𝐄. ❞

❝and i'm petrified of being alone now,
it's pathetic, i know.❞

♡– nombre: Loth.
♡– apellidos: Niemczyk.
♡– edad: 25.
♡– estatura: 1’76m.
♡– ocupación: ladrón.
♡– clase social: baja.
♡– zona: oeste (piso franco, nacido en Low River).
❝ 𝚑𝚎 𝚝𝚑𝚛𝚘𝚠𝚜 𝚘𝚗 𝚊 𝚖𝚊𝚜𝚔 𝚝𝚑𝚊𝚝 𝚠𝚒𝚕𝚕 𝚊𝚕𝚝𝚎𝚛 𝚑𝚒𝚜 𝚏𝚊𝚌𝚎. ❞
De una manera u otra, siempre intentará ganarse la confianza de su víctima, por ello cambia su personalidad todo el rato. Puede ir desde una persona amable y bondadosa a alguien siniestro que, para conseguir la confianza de una persona y para ganarse algo de dinero, puede matar a alguien. Dependiendo del grado de la necesidad de robar a alguien (ya sea por comer o por querer darse un capricho) puede tratarse de un robo rápido y fugaz o uno más planeado que puede llegar a tardar incluso semanas en conseguir lo que quiere. Intenta evadir sus sentimientos en este tipo de trabajo, para que no le causen problemas, pero siempre sale algo a la luz a pesar de que no quiera.
❝ they're all uptight. ❞
➴ Tiende a jugar con la apariencia femenina de su rostro y de su cuerpo.
➴ Se asusta con facilidad y a veces acaba teniendo ataques de ansiedad por eso. Un punto muy débil.
➴ A no ser que no sea necesario, no le gusta que no respeten su espacio personal, le pone muy nervioso.
➴ No cree en Dios ni en la salvación del ser humano, ya que todos acaban teniendo el mismo final: la muerte. Así que es un poco nihilista.
➴ Por motivos médicos, tuvieron que quitarle una costilla, de ahí que tenga una cicatriz en el costado derecho además de las que recorren su espalda o piernas a causa del gremio y su política.
➴ Debido a una brutal paliza, perdió la audición en el oído derecho.
➴ Una de sus víctimas burguesas se encaprichó tanto con él que, para que no se alejase tanto de su lado, le inyectaba heroína en cada encuentro. El principal motivo por el cual ahora es heroinómano.
❝ 𝑩𝒓𝒆𝒂𝒕𝒉𝒆, 𝒌𝒆𝒆𝒑 𝒃𝒓𝒆𝒂𝒕𝒉𝒊𝒏𝒈.
𝑰 𝒄𝒂𝒏'𝒕 𝒅𝒐 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒂𝒍𝒐𝒏𝒆. ❞
Nació y creció en Démona, desgraciadamente en la zona con menos adinerada y buena de la ciudad: Low River. Y si ya de por sí el parto resultó difícil para su madre, el hecho de que su padre le abandonase meses después de su nacimiento fue algo de cierto modo catastrófico, más aún teniendo que cuidar de su hermana mayor de nueve años, que se dedicaba a trabajar en una fábrica textil. Los años pasaban y cada día se apegaba más a la familia que le quedaba, de ahí que no le importase vestir ropas más femeninas o dejarse el pelo largo.
Una, como siempre en Démona, lluviosa tarde de septiembre volvía a casa con su hermana, pues le había enseñado unos trucos básicos de supervivencia en la calle. Cuando llegaron se encontraron con la cerradura forzada y con la mayor parte de la casa desvalijada. Si ya de por sí tenían poco, acabaron dejándoles sin nada. Mientras él se encontraba con miedo, observando cómo había perdido todo lo que apreciaba o atesoraba, su hermana buscó por la casa hasta encontrar a su madre. Al hacerlo, gritó aterrorizada y acudió a ella lo más rápido que pudo, aunque, cuando lo hizo, se arrepintió. En el suelo se encontraba ya muerta su madre a causa de un corte profundo en el cuello. Manchó sus manos de sangre, intentando impedir que fuese a peor. ¿Pero de qué servía eso si ella ya estaba muerta? Con miedo de que le pase lo mismo en la actualidad, prefiere cubrirse el cuello, o parte de este, con adornos antes de dejarlo al descubierto.
Tan sólo era un niño, un niño de tan sólo 9 años que tenía esperanzas de sacar a su familia de la miseria, o lo poco que quedaba de ella. Los días pasaban y su hermana suplicaba a diario a la iglesia que, si pudiesen, la hiciesen un hueco en el cementerio, para que pudiese descansar en paz. Él, en cambio, trataba de buscar una manera de trabajar que no fuese en la fábrica, nunca le habían gustado. Pero al ser tan joven no le aceptaban en ningún lado por lo que lo único que le quedaba era intentar utilizar aquellos trucos que le había enseñado su hermana muy a su pesar. Conseguía lo justo para pan y poder de esta manera alargar un poco más la esperanza de vida que tenía. Semanas más tarde, su hermana, no pudiendo aguantar todo el peso que tenía en sus hombros (o eso es lo que le dio a entender la última vez que se hablaron), se quitó la vida y, una vez más, volvió a manchar sus manos de sangre intentando impedir de nuevo que la vida de su hermana se escapase a través de sus venas abiertas. La misma reacción, el mismo resultado final, pero, ahora, estaba completamente solo ante el peligro.
No le quedaba nada, había perdido todo y ahora, tenía que empezar a buscarse la vida. Optó por la fábrica, pero no le convencía la idea, por lo que decidió muy a su pesar robar y engañar a los transeúntes de las zonas más adineradas. Los años pasaban, su pelo crecía y sus rasgos físicos iban afinándose como si de una mujer se tratase. Punto que le sirvió para sobrevivir más. Poco antes de su mayoría de edad, el gremio clandestino de Lavender Blood contactó con él, admitiéndole por su destreza e improvisación. En la actualidad vive de eso aunque nunca fue lo que había imaginado.
